The Independent Sentinel #58
El futuro de los datacenters, el problema de Navier-Stokes y la broma infinita
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Hoy hablamos de datacenters, de problemas irresolubles y de una de las mayores amenazas para la humanidad.
1. Tendencias 📈
🏗️ El futuro de los datacenters
Visito de vez en cuando el sobrio blog de Sam Altman para saber qué está pasando por la cabeza de una de las personas más influyentes en esta revolución que estamos viviendo.
La última de sus publicaciones, escrita hace apenas unas semanas, tiene como título “Abundant Intelligence” y reflexiona sobre el uso futuro de la IA y la llegada de la inteligencia como servicio. Lo que está ocurriendo con la IA es un milagro que, de algún modo, ya hemos vivido antes.
De igual modo que abrimos un grifo en casa y sale el agua o del mismo modo que pulsamos un interruptor y se hace la luz (dos milagros a los que ya nos hemos acostumbrado), estamos a las puertas de nuevo milagro, el milagro de que la inteligencia y el conocimiento sean como dos suministros más de los tantos que usamos en nuestro día a día.
La inteligencia y el conocimiento nunca han estado tan cerca de convertirse en una commodity, y las consecuencias de este hecho son absolutamente impredecibles.
Como indica Altman en su post, puede que con 10 Gigavatios más de computación podamos explorar los límites de lo que la IA es capaz de hacer y, si funcionase, tendremos tantos usos posibles para esta tecnología que requeriremos mucho más que estos 10 Gigavatios para satisfacer la infinita demanda de inteligencia sintética. ¿Pero cuánto son 10 Gigavatios?
Comentaba en TIS#54 que la construcción de esta infraestructura ya está en marcha. De hecho, los principales contendientes en esta carrera hacia la AGI van anunciando de manera recurrente sus avances en la generación de nueva capacidad de cómputo. Algunos ejemplos:
La abrumadora inversión que requiere construir y alimentar estos datacenters para satisfacer la creciente demanda de computación está haciendo que empresas como Amazon y Google estén buscando nuevas estrategias. Y éstas no podrían ser más increíbles.
¿Por qué deberíamos limitarnos a computar en la superficie de la tierra? ¿Por qué no en el espacio?
Uno de los primeros en lanzar -nunca mejor dicho- esta idea ha sido Jeff Bezos, que recientemente explicaba esto en una de sus intervenciones:
Otra iniciativa reseñable es la de StarCloud, una startup respaldada por Nvidia especializada justamente en este ámbito:
Las ventajas son evidentes, ya que estos datacenters podrían recibir energía solar constante y tener una alta seguridad física al estar ubicados en el espacio. No obstante, es difícil pasar por alto los peajes a pagar: altas latencias, disipación de calor en el vacío, mantenimiento y costes del despliegue pese al radical abaratamiento de los lanzamientos de cohetes gracias a SpaceX.
Pese a todos los potenciales riesgos y dificultades técnicas, esta idea no debe ser una locura ya que hace apenas unos días Google presentó su propia propuesta en este sentido: el proyecto “Suncatcher”.
Como arranque, han publicado un primer paper en el que explican las razones por las que tiene sentido perseguir tan arriesgada empresa en el que proponen lanzar un prototipo de 81 satélites en formación equipados con las TPUs de Google.
No sé vosotros, pero a mí me encantaría mirar al cielo y poder ver el destello de esas infraestructuras de computación ahí arriba.
🌊 Las ecuaciones de Navier-Stokes
Los problemas del milenio son un conjunto de 7 problemas matemáticos planteados por el Instituto Clay de matemáticas. La complejidad de estos problemas es extrema y, por ello, solo uno de los 7 ha sido resuelto a día de hoy.
La resolución de cada problema lleva aparejada la obtención de un premio de 1 millón de dólares desembolsado por el Instituto Clay.
Como curiosidad, Grigory Perelman, tras resolver la conjetura de Poincaré, declinó recibir este premio y la famosa medalla Fields y, según parece, lleva una vida extremadamente austera y discreta en las afueras de San Petesburgo donde vive con su madre.
Estos premios llevan vigentes desde el año 2000 y, como hemos visto, por ahora solo se ha resulto uno de los siete. Pero esto podría estar cerca de cambiar.
El matemático e ingeniero de telecomunicación madrileño Javier Gómez Serrano lleva años trabajando en la Universidad de Brown e investigando en el área de fluidos y sus singularidades. De hecho, Javier resolvió junto con Charles Fefferman (ganador de una medalla Fields) el problema de explicar matemáticamente cómo rompen las olas.
A comienzo de este año, Gómez Serrano arrancó una colaboración con Google DeepMind (sí, Google DeepMind) para trabajar en la solución de uno de los problemas del milenio: Las ecuaciones de Navier-Stokes.
Estas ecuaciones describen el movimiento de fluidos como el agua y el aire y son cruciales para investigar la meteorología, las inundaciones o el vuelo de las aeronaves. Para ayudarle en esta tarea, Javier cuenta con un herramienta especial: el modelo AlphaEvolve de Google DeepMind que esta entrenando el mismo junto con el mismísimo Terence Tao (posiblemente, el matemático más célebre del mundo ahora mismo).
AlphaEvolve es un agente de código evolutivo. Te preguntarás qué significa esto. Significa que ante el planteamiento de un problema, codifica (programa) diferentes soluciones que evolucionando iterativamente como si de un proceso biológico se tratara (un analogía -salvando las distancias conceptuales- serían los algoritmos genéticos clásicos que se usan en optimización).
Veremos si finalmente Gómez, Tao y AlphaEvolve consiguen resolver el problema. Lo logren o no, parece que queda claro que la inteligencia artificial de modelos/agentes como AlphaEvolve, AlphaZero o AlphaGo son, efectivamente, capaces de crear nuevo conocimiento. Una maravillosa noticia, se mire por dónde se mire.
2. Historias 📔
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🎾 Entre libros y raquetas
David Foster Wallace nació en Febrero de 1962 en Ithaca NY y se crió en Champaign-Urbana un par de ciudades de Illinois muy cercanas entre sí y en las que se ubica la sede principal de la Universidad de este estado.
Hijo de un profesor de filosofía y de una maestra de lengua, Wallace tuvo un contacto muy temprano e intenso con la lectura. Según se dice, durante su niñez, tanto él como su hermana Amy fueron expuestos a obras tan contundentes y complejas como el Moby Dick de Melville o el Ulises (bonita coincidencia para un nacido en Ithaca) de Joyce.
Según comentaba Wallace: “I remember my parents reading Ulysses out loud to each other in bed, holding hands and both lovin’ something really fiercely.”
Pero David no era un niño normal, sus padres relataron que podría memorizar el guión de capítulos enteros de series de televisión o de predecir como acabaría cualquier película que veían juntos.
Además de su pasión por la lectura, David era habilidoso con los deportes. Dado su imponente físico, jugó en su adolescencia como Quarterback, pero acabó prefiriendo la práctica del tenis, deporte en el que llegó a competir con cierto nivel.
Sin embargo, no todo era buenas noticias para Wallace, en el Instituto comenzó a sufrir ataques de ansiedad y principios de depresión. Era una brillante pero atormentada alma.
Como no podía ser de otro modo, Wallace se graduó en el instituto con extraordinarias notas para posteriormente estudiar Inglés y Filosofía (con una especialización en lógica y matemáticas) en la universidad de Amherst.
📚 Las primeras obras
En el año 1987 Wallace publicaba su primera novela “La escoba del sistema”. La obra tuvo una excelente acogida por parte de la crítica, que ya destacaba las influencias de Thomas Pynchon o de John Irving en la escritura del joven David.
Tras el éxito, David se trasladó a Boston, dónde estudió por algún tiempo en la Universidad de Harvard. Finalmente acabaría dando clase en el Emerson College antes de volver al Illinois de su infancia para trabajar en la Universidad de ese mismo nombre.
No sería hasta 1996 cuando llegaría su consagración como escritor a través de una obra que tardó nada menos que cuatro años en escribir.
⛰️ Una obra cumbre
“La broma infinita” no es el típico libro de ficción. Y no lo es porque huye de la ampliamente extendida idea -salvo conocidas excepciones como Cortázar o Joyce- de que la literatura de ficción no puede ser compleja, requerir esfuerzo o retar intelectualmente al lector.
La estructura del libro es muy compleja. Tiene diversas tramas, saltos temporales y una infinidad de meta-información proporcionada a través de pies de página. ¡Hay incluso pies de página con pies de página a su vez!. Es por esto que muchos críticos y lectores denominan a esta novela como uno de los “ochomiles” de la literatura actual.
Wallace, con las influencias antes mencionadas, usa la ficción de la manera más bella y útil en mi opinión: No como medio para escapar de la realidad, sino como medio para llegar a la verdad.
La Broma Infinita presenta un futuro distópico en la que el consumismo y el publicidad han alcanzado cotas inimaginables. Tan es así que en la novela, los años son patrocinados y nombrados con el nombre de diferentes compañías que promocionan sus productos.
El eje central de “La broma infinita” es una película que es tan increíblemente entretenida que anula la voluntad de todo aquel que la visiona, haciendo que pierda el interés en cualquier otra cosa que sea ver la propia película. Los televidentes, enganchados al film, dejan de comer, dormir u orinar hasta morir de hambre o deshidratación.
Es imposible no trazar un paralelismo con el “Soma” de Huxley en Un Mundo Feliz. El camino a la decadencia y a la servidumbre se recorre no mediante la violencia sino a través del placer y el bienestar. Ya sabes, el camino al cielo parece el infierno y el camino al infierno parece el cielo.
La publicación de la novela catapultó a Wallace a la fama, y la obra empezó a recibir reseñas como esta:
“The competition has been obliterated. It’s as though Paul Bunyan had joined the NFL, or Wittgenstein had gone on Jeopardy.’ The novel is that colossally disruptive. And that spectacularly good.”
Apareció también en Newsweek y Time consideró la obra como una de las mejores cien novelas en inglés publicadas desde 1923.
Pero recuperarse del éxito puede ser tan difícil como recuperarse del fracaso. Poner el listón tan alto tiene consecuencias con una sombra muy alargada y más para alguien como David.
“My big worry is that this will just up my expectations for myself. And expectations are a very fine line. Up to a certain point they can be motivating, can be kind of a flamethrower held to your ass. Past that point they’re toxic and paralyzing. I’m scared that I’ll fuck up and plunge into a compressed version of what I went through before.”
David Foster Wallace
💊 Una perdida prematura
Aparentemente, a sus 46 años, casado, consagrado como un auto de éxito e impartiendo clase en una prestigiosa universidad, podría parecer que Wallace estaba llevando una vida feliz o, al menos, una vida normal con sus altibajos. Nada más lejos de la realidad.
La depresión acompañó a Wallace durante gran parte de su vida y debido a ello estuvo medicándose con diversos fármacos para tratar su dolencia.
Tras notar cierta mejoría, David dejó gradualmente la medicación principal que estaba tomando (Nardil) pero ello le llevo a sufrir molestos efectos adversos. Tras ello fue hospitalizado varias veces con severas recaídas y llego incluso a ser tratado terapia de electroshock.
El 12 de Septiembre de 2008, David no pudo más y se suicidó en su apartamento.
“I don’t think he’d been able to write for more than a year. (…) Inevitably our thought was, if only he could have held on a little bit longer. (…) And then we realized, he did. How many extra weeks had he hung in there when he just couldn’t bear it? So we’re not angry at him. Not at all. We just miss him.”
Amy Foster Wallace tras la muerte de su hermano
Pese a su pérdida, su legado está cada día está mas vigente.
📺 La profecía de Wallace
Wallace vio venir el futuro y lo hizo además de manera clarividente. En una entrevista que le hizo David Lipsky, un periodista de la revista Rolling Stone, el autor abordó directamente este tema:
And that as the Internet grows, and as our ability to be linked up, like—I mean, you and I coulda done this through e-mail, and I never woulda had to meet you, and that woulda been easier for me. Right? Like, at a certain point we’re gonna have to build up some machinery, inside our guts, to help us deal with this.
No solo intuyó el cambio sísmico en las relaciones sociales que Internet traería, sino que anticipó el ritmo brutal de mejora de la tecnología y las consecuencias de este hecho:
En el transcurso de la entrevista, el periodista le preguntó sobre cómo podríamos defendernos de algo así.
Lipsky: But you developed some defenses?
David Foster Wallace: No. This is the great thing about it, is that probably each generation has different things that force the generation to grow up. Maybe for our grandparents it was World War Two. You know? For us, it’s gonna be that at, at a certain point, that we’re either gonna have to put away childish things and discipline ourself about how much time do I spend being passively entertained? And how much time do I spend doing stuff that actually isn’t all that much fun minute by minute, but that builds certain muscles in me as a grown-up and a human being? And if we don’t do that, then (a) as individuals, we’re gonna die, and (b) the culture’s gonna grind to a halt.
⭐️ Un fichaje estrella
Ha sido el tiempo el que ha demostrado lo certero de las preocupaciones de Wallace. En la última edición de #TIS, hablábamos de los “fichajes” estrella que se estaban produciendo en el mundo de la IA.
En concreto, comentábamos el fichaje de Alexander Wang como nuevo líder del equipo de Superinteligencia de Meta.
Cuando uno piensa en un equipo dedicado a la Superinteligencia, lo primero que se te pasa por la cabeza es que tratarán de resolver problemas complejos e importantes para la humanidad tal y como está haciendo -bravo por ellos- Google DeepMind.
Desafortunadamente, parece que, al menos en el caso de Meta, los objetivos de este equipo eran otros.
Hace unas semanas, el propio Wang presentaba orgulloso “Vibes”, el primer producto salido de su laboratorio:
Vibes no es más un feed infinito de contenido generado por IA cuyo único objetivo es incrementar el “screen time” de sus usuarios.
Por productos como estos, la teoría conspiranoica del “Internet muerto”, que dice que la mayoría de lo que consumimos en Internet ya no es creado por los humanos, parece cada vez menos una conspiración y más una realidad.
En los círculos más técnicos, el anuncio de Vibes, desató multitud de comentarios en contra esta máquina de creación de “AI Slop”, es decir, contenido “basura” generado por IA o, en otras palabras, La Broma Infinita.
📼 La broma infinita
La broma infinita es, en espíritu y en estructura, un manifiesto contra el “AI Slop” que Wallace planteó muchos años antes de que supiésemos siquiera que ese tipo de contenido podría ser creado.
Si nos fijamos en la complejidad del contenido que consumimos a día de hoy y en nuestra capacidad de atención y análisis veremos una relación para nada halagüeña: consumimos contenidos cada vez más pobres que acaban minando nuestra capacidad de comprensión.
No hay esfuerzo, solo una recompensa dopamínica efímera que recibimos bajo demanda y que tardamos solo unos segundos en reemplazar por el siguiente estímulo. Un carrusel infinito de sinsentido. Una broma infinita.
La ironía es que el libro es todo lo contrario de ese vídeo irresistible que nos plantea Wallace. Leerlo requiere esfuerzo, relectura y atención pero, al revés que los contenidos rápidos que cada día consumimos, la recompensa es mejor, mas elevada y más duradera, como ocurre con tantas otras cosas en la vida.
En el mundo de lo inmediato y lo fácil nos tocará volver a la fricción: elegir esa lectura difícil, mantener una conversación larga o hacer tareas sin pantallas o conectividad alguna con modelos de IA.
La rebeldía para el futuro que viene pasa por evitar los caminos fáciles y escoger el camino de la atención, el significado y el aburrimiento consciente. Si queremos una recompensa de verdad, tendremos que pagar el peaje.
Tenemos que evitar que se construya La Broma Infinita, no podremos decir que no estábamos avisados.
¡Gracias como siempre por leer hasta aquí!
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Muy interesante 👌🏻
Pensar,hoy en día, se está convirtiendo en acto de rebeldía.
Las conversaciones se hacen cada vez más cortas, ¿tendremos que desarrollar el espíritu de antaño de la tertulia como se hacía en el clásico “Café Gijón” de Madrid?