The Independent Sentinel #57
Reimaginando la difusión, el coste de la oportunidad y la batalla contra el olvido
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Hoy hablamos de modelos de difusión, de grandes oportunidades y de la batalla de la humanidad contra el olvido.
¡Comenzamos!
1. Tendencias 📈
🌁 Reimaginando la difusión
Tras el lanzamiento de GPT-5 se ha reavivado el debate de “El Muro” ya que no estamos seguros de si estamos acercándonos a los límites de inteligencia alcanzables sin más que escalando las arquitecturas actuales de los modelos de lenguaje.
Sin entrar en demasiados detalles, mi opinión sobre este debate es:
Los LLMs aún tienen mucho recorrido.
GPT-5 no es ese modelo de gran escala que todo el mundo esperaba sino un modelo lanzado para apuntalar la adopción masiva de ChatGPT con un coste asumible para OpenAI.
Aún en el caso de que estemos alcanzado un límite asintótico, aprovechar toda la potencia de los LLMs e integrarlos de manera eficaz en nuestros procesos y sistemas (labor que llevaría décadas) sería ya de por sí radicalmente transformador, aún si no se produjeran más avances o si el avance a partir de ahora fuese incremental.
Dicho esto, es legítimo preocuparse por los límites de los LLMs pero en ningún caso debemos pensar que son el único método para generar inteligencia aunque, a día de hoy, sea el mejor -de lejos- de los que hemos encontrado.
Si recuerdas, en pasadas ediciones ya hablamos de como los modelos de difusión son los modelos que se usan en la generación de imagen o audio. Stable Diffusion sería el ejemplo más conocido de este tipo de modelos.
Los modelos de difusión ocupan a día de hoy el trono de la generación de imágenes, habiendo destronado a los modelos GAN (Generative Adversarial Networks) de los que ya hablamos en TIS#3 hace la friolera de 6 años.
El funcionamiento de los modelos de difusión es intuitivo pese a no ser sencillo. Su trabajo es encontrar los patrones que definen la información buscada como salida (i.e. una imagen) en un ruido de partida que se va reduciendo de manera progresiva.
El concepto de difusión está inspirado en la termodinámica y su modo de entrenamiento consta de dos procesos reversibles:
Forward-diffusion process: Consiste en “corromper” una información (audio, imagen…) de partida usando ruido gaussiano.
Reverse diffusion process: Consiste en jugar a “averiguar” como ir eliminando el ruido para conseguir la información deseada.

Hace unos meses, Google DeepMind dio a conocer otro de sus múltiples proyectos demostrando una vez más que, a día de hoy, son los líderes en esta carrera por la inteligencia. El proyecto se llama Gemini Diffusion y no puede ser más interesante.
Gemini Diffusion plantea un innovador enfoque ¿y si usásemos los modelos de difusión no ya para generar imágenes o música sino para generar texto?
Los modelos de lenguaje autorregresivos como GPT van prediciendo “token a token” en un proceso secuencial que, como sabemos, tiene sus limitaciones. Llevando lo difusión al mundo del texto, sería posible predecir bloques enteros de texto refinando ruido paso a paso del mismo modo que haríamos si fuese una imagen.
Esta peculiaridad hace que estos modelos puedan ser muy rápidos a la hora de iterar sobre una solución y que sean muy útiles para tareas que tengan que ver con la edición de contenidos ya existentes como borradores, código o tareas matemáticas.
Según DeepMind, las tres ventajas principales de este acercamiento a la generación de texto son:
Respuesta más rápida comparado con los modelos tradicionales
Coherencia mejorada debido al manejo de bloques de tokens a la vez
Refinamiento iterativo: Corrección de errores gradual en los pasos de eliminación de ruido
Gemini Diffusion sigue aún en beta privada y no he tenido la oportunidad de probarlo pero, sin duda, usar modelos de difusión para generar texto será un camino que merecerá la pena explorar.
📝 El coste de la oportunidad
La tecnología, y las empresas tecnológicas por extensión, tienen un potencial transformador enorme. Los potenciales retornos de sus iniciativas son inimaginablemente grandes y, en ocasiones, la competencia se vuelve feroz cuando se cree estar cerca de la gran siguiente revolución tecnológica.
El mecanismo es el siguiente: la tecnología atrae capital con la promesa de grandes retornos y este capital, en su despliegue, necesita de los mejores medios para ejecutar el plan de negocio. Medios materiales, sí, pero sobre todo, humanos.
Y si el capital es escaso por definición, lo mismo ocurre con el talento. ¿Cuántos expertos hay en cada campo? ¿Cuantos de ellos tiene capacidad ejecutiva más allá del ámbito teórico? ¿Cuántos pueden marcar la diferencia?
Trazando un paralelismo, en sectores extremadamente dinámicos con el de la IA en estos momentos, el talento tiene dinámicas parecidas al mundo deportivo de élite. Los mejores jugadores son deseados y fichados por los clubes más importantes ya que su capacidad para “mover la aguja” en un partido da lugar a operaciones de compra-venta obscenamente grandes para muchos pero que, en el fondo, reflejan la naturaleza del libre mercado.
Estas dinámicas de captación de talento no solo es que se estén replicando en el mundo de la IA, es que se están llevando a límites sin precedente alguno.
Al igual que en los último años varios clubes han “roto” el mercado pagando cantidades exorbitantes, en el mundo de la IA está siendo Mark Zuckerberg el que está agitándolo todo, seguramente movido por el fiasco de su modelo Llama 4.
En los últimos meses, Zuckerberg ha emprendido una muy agresiva campaña de captación de talento contra competidores como OpenAI o Thinking Machines (la nueva empresa de Mira Murati, ex-CTO de OpenAI).
Esta campaña ha tenido resultados dispares, con algunos éxitos y algunos fracasos. En la parte positiva, Zuckerberg ha conformado un nuevo equipo de superinteligencia formado por Alexandr Wang, antiguo CEO de Scale AI y Nat Friedman, que anteriormente dirigió GitHub.
Otro caso relevante ha sido el de Matt Deitke, un joven investigador de apenas 24 años que, tras rechazar un paquete de compensación de 125 millones en cuatro años, ha acabado recalando en el laboratorio de Meta después de que Zuckerberg doblará su oferta hasta llevarla a la increíble cifra de 250 millones de dólares en 4 años. 🤯
Sin embargo, no todo han sido buenas noticias para Zuckerberg. Y es que lo importante de todo esto no es la gente que acepta la oferta, sino aquellos que la rechazan, que han sido muchos.
Hablemos de una idea relevante para entender esto: el coste de oportunidad. Los economistas marginalistas entre los que se encontraban nuestros admirados Carl Menger o William Stanley Jevons (sí, sí, el de la paradoja) introdujeron este concepto a finales del siglo XIX y que se puede explicar así:
El coste de oportunidad es el valor de la mejor alternativa a la que renuncias cuando tomas una decisión. Cada vez que asignas recursos (tiempo, dinero, talento, capacidad productiva, etc.) a una opción, el coste de oportunidad es el beneficio - explícito o implícito- que habrías obtenido si hubieras elegido la siguiente mejor alternativa disponible.
Imagina que, como en mi caso, hubieses decidido crear una startup. El coste de oportunidad de esta decisión sería la suma de los beneficios (tanto monetarios como emocionales) que hubiese obtenido en un periodo si hubiese escogido otra opción profesional (por ejemplo, dedicarme a la consultoría en una Big 4)
La pregunta es, ¿qué han visto los empleados de OpenAI o Thinking Machines para decir no a una oferta tan suculenta y seguramente irrepetible? ¿Qué promesa les permite asumir un coste de oportunidad tan altísimo (el coste de no ir a Meta)?
Tal y como pensarían los marginalistas, la utilidad marginal del dinero va decreciendo según tienes más y puede ser que la vida de estos investigadores no vaya a ser tan distinta en Meta puesto que ya son, en su mayoría, ricos.
Sin embargo, no puedo dejar en pensar en que te puede llevar a descartar la opción de acumular riqueza generacional para ti y tu familia. Desde luego, esto que han visto y por lo que han decidido quedarse no es, ni de lejos, GPT-5.
2. Historias 📔
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🧠 La batalla contra el olvido
El conocimiento ha sido efímero durante la mayoría de la historia de la humanidad. El conocimiento solía ser tácito y se transmitía de manera principalmente oral, haciendo que fuese frágil, líquido y propenso a errores y modificaciones.
La tragedia de nuestros antepasados es que mucho del conocimiento que los humanos atesorábamos se perdía entre generaciones ante la inevitabilidad de la muerte al no disponer de soportes fiables y duraderos para almacenar la información.
Explica esto muy bien la física y filosofa Jenann Ismael. La pérdida de una persona es la perdida irreparable de un modelo entrenado con datos irrepetibles y únicos:
Hoy vamos a explorar la historia de como los humanos hemos venido luchando contra el olvido, tanto individual como colectivo. Esta lucha por la persistencia de la información nos ha definido y ha ido promoviendo la creación de tecnologías para combatir la pérdida, desde la escritura hasta las telecomunicaciones. Hoy hablaremos de esta batalla y de como podríamos ganarla para siempre.
🛕 Una sucesión complicada
Tras la aún misteriosa muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. a sus casi 33 años en los que le dio tiempo a crear el mayor imperio que el mundo había visto jamás, comenzó la lucha por el vacío de poder que su muerte dejaba entre sus oficiales de más alto rango.
El proceso sucesorio acabó legando a Ptolomeo I Sóter, general y amigo muy cercano de Alejandro, el control de Egipto, fundando la dinastía Ptolemaica que tendría a su familia en el poder durante 300 años hasta la muerte de Cleopatra VII en el 30 a.C.
Tanto Alejandro como sus generales tenían un interés genuino en difundir la cultura helénica, no solo por que era la suya propia sino también como un mecanismo de conquista cultural sobre otros territorios y pueblos.
Ptolomeo llevó estas ambiciones al extremo. Se propuso reunir todo el conocimiento humano disponible en Alejandría -ciudad fundada por el propio Alejandro, llamada así en su honor y ciudad en la que reposaron sus restos- la nueva capital de Egipto en sustitución de Menfis.
Alejandría prosperó en este contexto y, eventualmente, se acabó convirtiendo en la ciudad más importante del mundo helénico. La ciudad, diseñada con esmero por el arquitecto griego Dinócrates de Rodas contaba con numerosos espacios públicos como el ágora, un estadio o un hipódromo. Entre todos ellos destacaba el Palacio Real, que en sus inmediaciones contaba con un Museo hecho en honor a las musas de la mitología griega.
La ambición ptolomeica por convertir a Alejandría en la capital del mundo griego se fue convirtiendo en una realidad y, poco a poco, escritores, científicos, filósofos y otros eruditos empezaron a acudir a la corte en busca de nuevo conocimiento.
El lugar de reunión de estos sabios entre los que se encontraban -entre muchos otros- Euclides o Eratóstenes era este mencionado Museo aledaño al Palacio Real.
🧱 La construcción
Ptolomeo I encargó a Demetrio de Falero llevar a cabo una idea que había tenido: construir el mayor centro de conocimiento del mundo en Alejandría. Demetrio, que formaba parte de su corte, aceptó la hercúlea encomienda que le había sido propuesta: construiría una gran biblioteca en el Museo.
Los ptolomeos comenzaron una “caza” de conocimiento sin precedentes incluso antes de construir la biblioteca, Ptolomeo I envió cartas a numerosas ciudades para pedirles sus obras y poder copiarlas (cabe decir que no siempre eran devueltas) y se ordenó que se copiase todo libro a bordo de cualquier barco que hiciese escala en Alejandría. El peaje no era poca cosa: el original se quedaba en la ciudad y se devolvía al barco la copia.
Las cosas en la antigüedad no eran tan rápidas como lo son ahora y sería Ptolomeo II Filadelfo el regente que supervisaría la construcción de la biblioteca para albergar los numerosos rollos de papiro que, de forma planificada, agresiva y bien financiada, los ptolomeos estaban consiguiendo por todo el mundo conocido.
En el maravilloso libro “El infinito en un junco” (2019), Irene Vallejo desgrana la historia de los libros, su poder transformador y el papel que han desempeñado en la construcción de la civilización. Y justamente, Vallejo usa como hilo conductor la historia de la biblioteca de Alejandría, considerado el primer gran esfuerzo de acumulación preservación del conocimiento.
Después de su fundación y debido al éxito en la recopilación, la biblioteca abrió nuevas dependencias en los años sucesivos. Se desconoce con exactitud la cantidad de obras que allí se almacenaron, pero se estima que la cifra giraba en torno a los 490.000 volúmenes literarios, académicos y religiosos si contamos únicamente la biblioteca principal. Tal era el volumen de obras, que tuvieron que comenzar las labores de ordenamiento y clasificación. Ya allí había catálogos y cada catálogo ocupaba nada más y nada menos que 20 rollos.
Lamentablemente, este templo de conocimiento se perdió en las arenas del tiempo y no ha llegado hasta nuestros días por razones diversa y no del todo claras.
¿Dónde estaríamos hoy si no se hubiese destruido este inmenso centro de saber?Difícil de saber.
🏚️ Una lenta tragedia
Al igual que no sabemos como murió Alejandro, tampoco sabemos con certeza como se destruyó la biblioteca de la ciudad que lleva su nombre. Numerosos mitos e incertidumbres rodean este lamentable hecho pero, lo que sí sabemos, es que no fue un simple incendio en un momento puntual lo que acabó con la biblioteca.
Fue una decadencia más lenta, menos catastrófica y menos literaria. La biblioteca fue decayendo a lo largo de siglos durante los que se produjeron diversos hechos que aceleraron este lento proceso de descomposición.
Sin duda, el incidente histórico más relevante que afecta a la destrucción de la biblioteca tuvo lugar en el 47 a.C. cuando Julio César, que había acudido a Alejandría para dar su apoyo a Cleopatra fue sitiado en el complejo palaciego de la ciudad. Durante el asedio se produjo un incendio que acabó con muchos libros que César pretendía llevar a Roma, la nueva capital del poder mundial.
Se dice que posteriormente Marco Antonio donó a la biblioteca -que obviamente no fue destruida en el incendio- numerosas obras procedente de la biblioteca de Pérgamo para compensar el desastre previo.
La caída de Antonio y Cleopatra puso fin al reino ptolemaico de Egipto, que pasó a formar parte de Roma y comenzó un periodo de decadencia gradual pero inexorable que se vio reflejado en su capital, Alejandría, y en unos de sus principales símbolos, la biblioteca.
Los romanos no tenían la sed de conocimiento de la dinastía ptolomeica. Esto unido a circunstancias tan desfavorables como la peste antonina que recorrió Egipto o la batalla entre Aureliano y Zenobia de Palmira (la llamada “Reina que desafió a Roma”) empeoró aun más las condiciones de la Biblioteca.
La expansión del cristianismo tampoco fue favorable para nuestra protagonista de hoy, ya que en sus anaqueles reposaban multitud de obras paganas que el cristianismo rechazaba y por las que dejó, en el mejor de los casos, de mostrar interés. Esta aversión tuvo su punto mas representativo en el 391 d.C. cuando el arzobispo Teófilo ordenó la destrucción de centros paganos como el Museo que llevó a la pérdida definitiva de muchas obras.
Pese a todo, la biblioteca, aunque mermada, siguió en funcionamiento como así atestiguan figuras como la conocida Hipatia de Alejandría, célebre entre nuestra generación por la película Ágora que Alejandro Amenábar hizo sobre su figura.
Hipatia murió de forma violenta atacada por una turba de monjes cristianos azuzados por el patriarca Cirilo muy probablemente debido a la amenaza que suponía la erudición y la profundidad de los conocimientos científicos de Hipatia.
Supuestamente, el golpe de gracia se le asestó a la biblioteca en el año 643 durante la invasión musulmana de la ciudad, aunque no hay pruebas fehacientes de este hecho.
Hay una frase del califa Omar que se la atribuye cuando se supone ordenó la destrucción por completo de la biblioteca:
"Si esos libros están de acuerdo con el Corán, no tenemos necesidad de ellos, y si se oponen al Corán, deben ser destruidos"
- Califa Omar
Es cierto que resulta más interesante pensar en una gran catástrofe como el fin de la Biblioteca pero como hemos visto, su triste desaparición fue un proceso lento trufado de invasiones, saqueos, fanatismo religioso, degradación natural y decadencia económica y cultural.
♾️ La biblioteca infinita
La idea de atesorar todo el conocimiento no es algo nuevo. Es, como tantas otras cosas, un deseo humano antiquísimo.
Cada biblioteca, por pequeña que sea, representa las ansias de hacer persistir en el tiempo aquello que creemos valioso. Representa la posibilidad de poder volver a ese libro de cuando en cuando o de legarlo a los que vengan para que lo disfruten como nosotros lo hicimos.
Borges, en un maravilloso cuento corto publicado en 1941 llamado “La Biblioteca de Babel” concibe una enorme biblioteca formadas por innumerables salas hexagonales conectadas entre sí. Esta biblioteca tiene una característica muy peculiar: contiene todos los libros posibles. Es decir, contiene todas las posibles combinaciones de 25 símbolos ortográficos, 22 letras, el espacio, la coma y el punto.
Con este supuesto, en la biblioteca se encuentran todos los libros posibles, desde un libro donde se repita indefinidamente la letra A a una copia perfecta, letra por letra, hasta el mismísimo Quijote. Como bien dice Borges:
En el relato, Borges describe una biblioteca muy grande pero finita, aunque para cualquier efecto práctico parecería infinita.
Se puede calcular el número total de libros porque Borges mencionaba parámetros concretos en su cuento:
Cada libro tiene 410 páginas.
Cada página tiene 40 renglones.
Cada renglón tiene 80 caracteres.
El alfabeto de la biblioteca tiene 25 símbolos (las 22 letras, el punto, la coma y el espacio).
Esto daría lugar a una biblioteca que roza lo infinito pero que no es infinita compuesta por número increíblemente grande de libros, mayor que en el número de átomos del universo observable y en el que solo una muy, muy pequeñísima fracción serían libros que contendrían información relevante.
El cuento detalla como los bibliotecarios han buscado desesperadamente desde el principio de los tiempos los libros que contengan la verdad y la información veraz y valiosa, cayendo muchas veces en la locura o desarrollando sectas o supersticiones basadas en lo leído en alguno de los casi infinitos libros.
No estoy seguro de si esto sería el sueño de Ptolomeo I o, más bien, su peor pesadilla.
📖 El arma contra la tiranía
Como demuestra el relato de Borges, el conocimiento es la excepción en un mar de entropía. Está sumergido en un numero inaprehensible de combinaciones aleatorias sin significado.
El conocimiento es un milagro estadístico y debemos tratarlo como tal. Debemos generarlo cada vez en mayores cantidades y protegerlo de su destrucción.
Esta protección no es únicamente por el coste que ha conllevado su creación sino porque, como la historia demuestra, el conocimiento ha sido siempre enemigo de los tiranos y los fanáticos.
El tirano siempre ha odiado el conocimiento o, mejor dicho, el conocimiento en manos de otros que no fuesen las suyas. La destrucción gradual de la biblioteca de Alejandría, la quema que la biblioteca de Constantinopla por parte de los cruzados en el 1204, la celebérrima quema de libros en Berlín atribuible al ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels en 1933 o el mucho más reciente incendio de la biblioteca de Bagdad en 2003 son ejemplos de esta aversión al conocimiento.
Ray Bradbury convirtió la destrucción del conocimiento en una distopía en la que seguramente sea su novela más conocida: Fahrenheit 451, título que coincide con la temperatura a la que arde el papel.
La pregunta es: ¿cómo podríamos evitar la destrucción y asegurar la supervivencia de ese conocimiento que tanto ha costado conseguir?
A la hora de pensar en preservar el conocimiento, debemos considerar tanto el contenido (qué información preservar) como el medio en que almacenarla.
🗞️ Soportes de información
Comencemos por el almacenamiento, la historia nos demuestra que los soportes de información tienen fecha de caducidad, desde el pergamino hasta la información almacenada en un disco duro serán vulnerables al paso del tiempo. Veamos una comparativa de algunos de los soportes más populares que hemos usado:
Los soportes magnéticos que usamos actualmente son muy efectivos en coste, tamaño y capacidad y los hemos mejorado enormemente en el tiempo desde los orígenes del almacenaje de información, pero resulta muy curioso ver como hemos ido incrementando enormemente la capacidad de nuestros dispositivos de almacenaje con una muy importante contraprestación: la drástica reducción de la durabilidad.
Una vez hemos visto los diversos continentes, echemos un vistazo al contenido. ¿Qué es lo que sería más adecuado para almacenar? ¿Libros seleccionados? ¿Libros en masa asemejándonos a la biblioteca de Borges? ¿O un modelo de lenguaje con todo su conocimiento?
💊 Una cápsula temporal de conocimiento
Como ya desarrollé en la edición TIS#48, los modelos de lenguaje son una herramienta de compresión fantástica para poder almacenar información abundante y compleja.
GPT-3 tenía 175 mil millones de parámetros, y cada parámetro suele requerir 32 bits (4 bytes) para almacenarse. El tamaño total de almacenamiento en bytes sería: 175 mil millones de parámetros * 4 bytes/parámetro = 700 mil millones de bytes, unos 700GB.
Usar modelos de lenguaje como mecanismo de almacenaje de información podría ser interesante por varias razones:
Su tamaño es óptimo debido a la compresión inherente a los LLMs
Su representación sería el conjunto de parámetros o “pesos” del modelo
¡Ojo! Sería complicadísimo acceder al conocimiento contenido en estos pesos sin el “manual de instrucciones” por lo que, si quisiésemos hacer una cápsula temporal autocontenida deberíamos de incluir además de los pesos la siguiente información:
La arquitectura de la red (transformer para un modelo actual)
El algoritmo de tokenización que convierte palabras y trozos de las mismas en representaciones numéricas
El procedimiento de inferencia.
De esto modo y como dice Hinton en el siguiente vídeo, podríamos disponer de unos entes eternos que contienen conocimiento recuperable si tenemos todos los ingredientes arriba mencionados.
Lo que también dice en el vídeo nuestro querido Geoffrey es que la largamente deseada idea de “subir” la mente de los humanos a la nube es algo irreal debido a que nuestro “hardware” cerebral es único, irreplicable e irreemplazable ya que, en nuestro cerebro, no hay diferencia entre hardware y software. Tal y como indicaba al comienzo de la historia de hoy Jenann Ismael, cada muerte es una pérdida irrecuperable (al menos por ahora).
Justamente, esta idea de poder hacer un “upload” de nuestra mente a un dispositivo electrónico es el eje central de una fantástica serie de ciencia-ficción llamada Pantheon y que recomiendo que veas si eres un amante del género. De hecho, no hace mucho el propio Sam Altman recomendó esta serie que está disponible en Netflix.
💎 Un cristal prodigioso
Con sus limitaciones y los requisitos para su acceso, los pesos de un LLM pueden ser una opción adecuada para almacenar conocimiento y un complemento perfecto al almacenamiento en bruto de información para hacer que el conocimiento perdure en el tiempo pero, ¿dónde podríamos almacenar esta información para que sea durable e incorruptible?
Investigadores de Microsoft llevan trabajando desde hace años en el llamado Proyecto Silica, cuyo objetivo es desarrollar una nueva tecnología de almacenamiento de información que permita afrontar los retos de almacenamiento a largo plazo que tenemos como especie, tanto en tamaño como en durabilidad.
Hay que tener en cuenta que la cantidad de información que generamos está creciendo a un ritmo inimaginable, ahora mismo estamos rondando los cientos de zettabytes -1000 millones de TB- de información generada por los humanos.
Cabe destacar que Internet en 2015 eran apenas 8 zettabytes. Para poner las cosas en perspectiva, toda la información contenida en la biblioteca de Alejandría en su momento álgido rondaría los 200GB: cabría más que de sobra en una tarjeta de memoria microSD de 256GB.
El proyecto Silica de Microsoft propone como soporte un cristal de cuarzo de única escritura (WORM: Write Once Read Many) de bajo coste, resistencia a electromagnetismo, inundaciones e incluso fuego que ofrece una vida útil de decenas a cientos de miles de años.
Hace poco, el propio Nadella presentó esta tecnología demostrando como se podría almacenar la película de Superman en un pequeño cristal. Usando vóxeles, el equivalente del píxel en 3D, Microsoft almacenó la película en un cristal de 2 milímetros de grosor.
El proyecto está aún lejos de la madurez y de su comercialización debido a la compleja maquinaria de lectura y escritura que se requiere, así como a las dudas que aún existen respecto a la capacidad de estos dispositivos. Aunque enormemente duraderos, este soporte no es tan eficiente si consideramos la cantidad de almacenamiento por milímetro cúbico.
Una vez más, parece que el sílice nos está dando otra solución. Ya no solo para construir los complejos microchips con los que ejecutamos los más sofisticados modelos de IA, sino también para construir estos milagrosos cristales que pueden ser la solución al reto milenario de la preservación del conocimiento y de nuestra memoria colectiva como especie.
Es ilusionante pensar en que hemos encontrado un método para conseguir luchar contra el olvido y mantener siempre viva la llama del conocimiento.
¡Gracias como siempre por leer hasta aquí!
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